¿Vos pensás en tu vejez?

¿Pero vos te imaginás de vieja?, me dice una señora de unos 80 años en medio de la presentación de mi libro. Su pregunta me descoloca. Escribo sobre la vejez, también trabajo el tema en mis obras de collage, desde escenas domésticas, vínculos y gestos que observo en otras, pero ¿puedo concretamente pensar cómo seré yo de vieja?

No quiero salir del paso con una respuesta rápida. Trato de ser honesta con la señora y conmigo misma. Me pregunto cómo será la textura de mi piel, mis gestos; qué vínculos seguirán acompañándome, qué duelos habré tenido que atravesar, en qué estarán depositadas mis ganas. Cuánto de la que soy perdurará.

En Entre Doñas, el libro que presentaba esa tarde, escribí sobre un grupo de amigas viejas, me sumergí en sus vínculos, gestos y escenas mínimas. Fue una manera de acercarme a ese tiempo desde afuera. Sin embargo, cuando intento pensar en mi vejez, no aparezco yo, sino otras: tomo prestadas las vejeces de las mujeres que tengo cerca.

Algunas señoras que han visto mis collages se han acercado para decirme: “no me veo en esas señoras”. Para ellas, las doñas que yo trabajo en una de mis series son viejas de antes. Entonces, las imágenes y las experiencias que tengo a mano para pensarme como futura vieja no alcanzan.

Vuelvo a mi intento, pero me sucede igual que cuando era adolescente y no lograba visualizar cómo sería de adulta.

Me imagino cómo seré de vieja a medias, a tientas. Más que imaginar, fantaseo: me acerco a pequeños fragmentos, armo escenas posibles, le doy lugar a la vejez.

Conectarse con la idea de la vejez propia puede llevarnos a una pregunta colectiva: qué redes, qué soportes sociales, qué cuidados son necesarios crear, imaginar, fortalecer como sociedad.

¿Cuánto lugar ocupa, cuando pensamos en la vejez, el deseo, y cuánto las escenas de dependencia y cuidado? Quizás otra pregunta posible sea qué nos pasa con la vulnerabilidad, no solo en la vejez, sino en la vida.

Antes de que termine la presentación del libro le devuelvo la pregunta a la señora: cuando era joven, ¿ella se imaginaba de vieja? Sonríe y me dice que no. Eso me da alivio: una no sabe cómo será.

Marina Frankel (Buenos Aires, 1985) es escritora, artista visual y trabajadora social. Como artista visual, trabaja con collage y otras técnicas para explorar la huella de la vida doméstica, los vínculos y la memoria generacional. Entre Doñas (Editorial Caburé) es su primer libro.

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